Bosco

¿Saben por qué el cuento de Bosco empieza relatando que a él, de pequeño, otros perros lo molestaron? Pues imagínense vivir en un espacio reducido (tal vez en una jaula), conviviendo con 10, 30, 50 (o más) perros y otros animales al mismo tiempo, donde no tienes las condiciones sanitarias óptimas ni calidad de vida, por lo que día a día debes defender tu espacio y tu comida a cambio de segundos de tranquilidad, en lo que supuestamente debería ser un entorno seguro, así es como Bosco sutilmente podría decir que otros animales lo “chinchaban”, tras unos primeros años de vida en lo que se conoce como “Síndrome de Noé”.


 

Antes de contar su historia, me gustaría hablar un poco sobre este síndrome, para aquellos quienes no estén familiarizados con esta patología y que entiendan que, por más que nos gusten los animalitos, debemos ser responsables con la calidad de vida que podemos ofrecerles a nuestras mascotas. 


 

¿Qué es el Síndrome de Noé? Es un desorden psiquiátrico que consiste en la acumulación desmesurada de animales (principalmente domésticos), sin la capacidad de proporcionar los mínimos cuidados, trayendo como consecuencia la propagación rápida de enfermedades que afectan tanto a los propios animales como a la comunidad donde estos se encuentren. 


 

En cuanto a Bosco, Rosalba y Henry nos cuentan esta hermosa historia:


 

En el 2015, cuando Rosalba se encontraba en un viaje a Venezuela, ayuda a una de sus amigas a cuidar de su perro mientras organizaban el traslado de este a Colombia. El tiempo en el que Rosalba estuvo cuidando a este perro, le dio pie a decidir adoptar uno. 


 

A ella y a su esposo les informan que en Ferrol, Galicia, había una protectora que tenían un pinscher y, como querían un perro pequeño (independientemente de la raza), fueron hasta allá para poder adoptarlo. Pero, cuando llegaron al refugio, este perrito ya estaba reservado.


 

Sin embargo, Rosalba contaba que justo en ese lugar habían muchos perros, los cuales estaban separados por sexo y tamaño, ya que habían sido rescatados de una casa cuyo dueño padecía de Síndrome de Noé y que estaban tratando de organizar a los animalitos para proceder con las adopciones de cada uno.


 

En la sección de machos, Rosalba nos contaba que habían muchos perros ladrando, excepto uno que estaba en un rincón y este le había llamado la atención a Henry. Lo curioso fue que este pequeño, al verlos, se abrió paso entre todos los perros para acercarse hasta ellos, lo que les hizo saber a Rosalba y a Henry que definitivamente ese era el perro que iban a adoptar.


 

Al principio fue complicado el proceso de adaptación de Bosco, pues no le gustaba salir de casa, estaba muy aterrado y  no le gustaba estar con otros perros. Poco a poco empieza a ganar confianza y empieza a ser más sociable con otros animales, conociendo a su primer amigo Atom. 


 

Rosalba nos dice que Atom fue clave en la vida de Bosco, pues lo ayudó a ser más sociable con otras mascotas (aunque a Bosco no le gustan los labradores ni los golden retriever). Empezó a tener más amistades con otros perros con quienes hoy en día mantiene muy buena relación y cuyos dueños se han comprometido también en el cuidado de sus peludos.


 

Para Henry y Rosalba, Bosco se ha convertido en un miembro más de su familia y de su vida social, pues ellos ya conciben como parte de su rutina el hecho de coincidir con otros vecinos del barrio para compartir una tarde en el parque mientras sus mascotas juegan. De hecho, uno de sus amigos (el humano de Atom) fue quien bautizó a Bosco y a sus amigos como “La Cuchipanda”.


 

Gracias a personas como Henry y Rosalba, quienes se han comprometido con la mejora y con el bienestar de Bosco, podemos decir que él definitivamente es un Perrete Con Suerte.

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